Alianza
CURSO
Orientación Toma de Decisión Vocacional
Clases presenciales: sábados de 8:00 a.m. a 1:00 p.m.
Modalidad: Presencial
Duración: 15 horas
Fecha de inicio: Julio 4 de 2026
Inversión
| Tarifa plena | $ 350.000 |
|---|---|
| 4% por pronto pago: Este descuento es el único acumulable y aplica si pago es realizado un mes antes de iniciar el programa. NO aplica para pagos por factura empresarial. | $ 336.000 |
| 10% por ser egresado o estudiante (activo) en pregrado o posgrado de la Universidad Javeriana | $ 315.000 |
| 10% por ser afiliado a la caja de compensación Cafam. | $ 315.000 |
| 15% para grupos de 3 a 5 participantes en el mismo programa | $ 297.500 |
| 20% para grupos de 6 participantes en el mismo programa y en el tercer diplomado realizado consecutivamente. | $ 280.000 |
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El curso se desarrolla a través de estrategias experienciales, narrativas y reflexivas que promuevan la participación de los estudiantes, así como un espacio específico de trabajo con las familias. De este modo, se busca favorecer una comprensión integral del proceso de elección vocacional/profesional, entendiendo que este no se agota en una decisión puntual, sino que forma parte de un proceso continuo que se da a lo largo de toda la vida.
Así mismo, se aplicará una prueba de orientación profesional (Sentido) que favorecerá el proceso de autoconocimiento del estudiante en términos de capacidades, intereses y perfil personal en relación con posibles áreas de conocimiento a elegir.
Se realizará también una sesión con padres de familia/acudientes en las que se explorarán las creencias y significados acerca de la toma de decisión vocacional/profesional y se compartirán herramientas para el acompañamiento al joven en esta toma de decisión
Programa Académico
Fundamentos Conceptuales Autoconocimiento: la mirada hacia dentro
El autoconocimiento constituye la base fundamental sobre la cual una persona puede orientar sus decisiones profesionales de manera consciente y coherente con su proyecto de vida. Implica un proceso continuo de exploración interna en el que el individuo reconoce sus intereses, valores, habilidades, capacidades, motivaciones y formas de relacionarse con el mundo. Desde esta comprensión profunda de sí mismo, la toma de decisiones deja de ser un acto impulsivo o condicionado por expectativas externas, y se transforma en un proceso reflexivo de discernimiento, que busca la congruencia entre el ser, el hacer y el proyectarse hacia el futuro.
Diversos autores han aportado comprensiones complementarias sobre la relación entre autoconocimiento y decisión profesional. Donald Super, desde su Teoría del desarrollo vocacional, plantea que la elección profesional es una expresión del autoconcepto; es decir, de la forma como la persona se percibe y valora a sí misma en función de sus experiencias, roles y aspiraciones. En esta perspectiva, conocerse significa descubrir cómo realizar el propio yo en la vida ocupacional, entendiendo que las decisiones vocacionales no son definitivas, sino que se construyen a lo largo del tiempo conforme evoluciona la identidad personal.
Por su parte, John Krumboltz, desde la Teoría del aprendizaje social en la orientación, destaca que la toma de decisiones se nutre del aprendizaje continuo, la exploración activa y la apertura a la experiencia. Las oportunidades, los encuentros y los contextos influyen en la construcción de intereses y en la percepción de las propias habilidades. Así, el autoconocimiento no surge solo de la introspección, sino también del contacto con la realidad, del ensayo y error, y de la reflexión sobre las experiencias vividas. Este enfoque promueve una visión flexible de la carrera, donde las decisiones pueden ajustarse a medida que se descubren nuevas posibilidades y se amplía el repertorio personal y profesional.
Por otro lado, desde una mirada humanista, Carl Rogers concibe el autoconocimiento como un proceso de autenticidad y aceptación personal. Solo a través de la reflexión genuina sobre las propias experiencias, emociones y deseos, la persona puede alcanzar una congruencia entre lo que piensa, siente y hace. Esta coherencia interior es esencial para tomar decisiones que reflejen la verdadera identidad del individuo y no las presiones externas o los mandatos sociales. En este sentido, la toma de decisiones vocacionales es una manifestación del crecimiento personal y de la tendencia natural del ser humano hacia la autorrealización.
Finalmente, el Paradigma Pedagógico Ignaciano (PPJ), propio de la Pontificia Universidad Javeriana, propone el autoconocimiento como base del discernimiento personal. En su estructura, la experiencia, la reflexión y la acción se constituyen en momentos pedagógicos esenciales para la formación integral. La persona es invitada a mirar su historia, reconocer sus talentos y límites, interpretar el sentido de sus vivencias y, a partir de ello, orientar decisiones que expresen compromiso, responsabilidad y propósito vital. En este marco, decidir es también un acto ético y espiritual que busca responder con libertad y coherencia al llamado personal y social.
En conjunto, estos referentes coinciden en que el autoconocimiento no es un fin en sí mismo, sino un camino para construir decisiones significativas y conscientes. Implica integrar las diferentes dimensiones del ser humano, de modo que cada elección refleje no solo lo que se sabe hacer, sino también quién se quiere ser y cómo se desea contribuir al mundo.
Lectura de contexto: la mirada hacia afuera
La orientación profesional ha transitado de enfoques centrados exclusivamente en el individuo hacia perspectivas que reconocen la elección vocacional como un proceso situado, influido por condiciones sociales, culturales, económicas e históricas. En este sentido, la lectura de contexto se constituye en un eje central para comprender cómo las personas construyen sus proyectos educativos y laborales.
Desde una mirada clásica, Donald Super plantea que el desarrollo de la carrera ocurre a lo largo del ciclo vital y se configura en interacción con los distintos roles que el sujeto ocupa en su contexto (life-span, life-space). La elección profesional no es un evento puntual, sino un proceso dinámico que se ve mediado por el entorno familiar, educativo y social (Super, 1980; 1990).
En esta misma línea, Eli Ginzberg sostiene que la elección ocupacional implica una negociación constante entre intereses personales y las posibilidades reales que ofrece el contexto, particularmente las condiciones económicas y educativas (Ginzberg et al., 1951). Este enfoque introduce tempranamente la idea de que las decisiones vocacionales están condicionadas por factores estructurales y no pueden comprenderse al margen de ellos.
Por otro lado, los desarrollos contemporáneos en orientación profesional profundizan esta mirada contextual, incorporando enfoques socioconstructivistas. Mark Savickas propone la Teoría de la Construcción de la Carrera, en la que la identidad vocacional se construye narrativamente a partir de la experiencia subjetiva del individuo en interacción con su contexto social y cultural (Savickas, 2005; 2013).
Desde esta perspectiva, la orientación profesional no se limita a ayudar a “elegir una carrera”, sino que busca favorecer la construcción de sentido, la adaptabilidad y la comprensión de la propia trayectoria en contextos cambiantes. La lectura de contexto permite identificar oportunidades, restricciones y significados que influyen en la manera en que las personas interpretan su futuro profesional.
Complementariamente, Jean Guichard plantea que los sujetos desarrollan distintas formas identitarias subjetivas en función de los marcos sociales, institucionales y culturales en los que participan (Guichard, 2009; 2015). En este enfoque, la orientación profesional debe considerar las condiciones concretas de los sistemas educativos y del mundo del trabajo, así como las desigualdades que atraviesan las trayectorias formativas.
En el contexto latinoamericano, la lectura de contexto adquiere una relevancia particular debido a las desigualdades sociales y educativas. Rodolfo Bohoslavsky es un referente central al proponer una orientación vocacional de carácter psicosocial y clínico, que articula la subjetividad con el contexto sociohistórico (Bohoslavsky, 1974; 1986).
Bohoslavsky critica los modelos de orientación descontextualizados y plantea que toda elección profesional está atravesada por condiciones materiales, representaciones sociales y expectativas familiares y culturales. Desde esta perspectiva, la lectura de contexto no es un complemento, sino una condición para una orientación ética y pertinente.
La incorporación de la lectura de contexto en la orientación profesional se sustenta también en aportes provenientes de la pedagogía crítica. Paulo Freire plantea que todo proceso educativo debe partir de la lectura crítica de la realidad, entendida como la capacidad de comprender y problematizar el contexto para transformarlo (Freire, 1970).
Aplicado a la orientación profesional, este enfoque permite acompañar a los estudiantes en la construcción de proyectos de vida conscientes de sus condiciones históricas y sociales, promoviendo la agencia y la toma de decisiones informadas.
Desde la sociología de la educación, Pierre Bourdieu aporta herramientas conceptuales clave como habitus, capital cultural y capital social, que permiten comprender cómo las elecciones educativas y profesionales están mediadas por el origen social y las trayectorias previas (Bourdieu & Passeron, 1970; Bourdieu, 1986). Estos aportes resultan fundamentales para una lectura de contexto que visibilice desigualdades y evite responsabilizar exclusivamente al individuo por sus decisiones.
A nivel institucional y de política pública, organismos internacionales como la UNESCO y la OECD coinciden en señalar que la orientación profesional debe integrar el análisis del contexto social, educativo y laboral para favorecer trayectorias formativas equitativas.
La UNESCO (2019) resalta la orientación a lo largo de la vida como una estrategia para promover la inclusión y la justicia social, mientras que la OECD (2004; 2021) subraya la importancia de articular la orientación con el contexto local, el mercado laboral y las transiciones educativas, especialmente en educación superior.
Sentido, proyecto de vida e Ikigai
En los procesos contemporáneos de orientación profesional, especialmente en la etapa de educación media, se ha hecho cada vez más evidente la necesidad de trascender modelos centrados exclusivamente en la identificación de intereses y habilidades, para incorporar dimensiones relacionadas con el sentido, el propósito y la proyección vital. En este marco, el concepto japonés de Ikigai, entendido como la “razón de ser” o aquello que da sentido a
la vida cotidiana, ofrece un aporte valioso para enriquecer la orientación profesional desde una perspectiva integral y humanizante.
El Ikigai no se concibe como una herramienta diagnóstica ni como una fórmula cerrada para definir una elección profesional, sino como un marco reflexivo que permite articular distintas dimensiones del desarrollo humano. Tradicionalmente, este concepto integra cuatro ámbitos fundamentales: aquello que la persona ama, aquello en lo que es competente, lo que el mundo necesita y aquello que puede constituirse como una posibilidad de sostenibilidad. En su comprensión original, el Ikigai no está orientado exclusivamente a metas laborales, sino a la construcción progresiva de una vida con sentido, anclada en experiencias cotidianas, valores personales y contribución social.
Desde el campo de la orientación profesional, la integración del Ikigai representa una evolución frente a enfoques meramente informativos o “testistas”, al situar la elección vocacional dentro de un proceso más amplio de construcción de identidad y proyecto de vida. En contextos educativos marcados por la incertidumbre, los cambios acelerados del mercado laboral y el impacto de la tecnología, la orientación profesional no puede limitarse a responder a la pregunta “¿qué estudiar?”, sino que debe abrir espacios para reflexionar sobre el “¿para qué?” y el “¿desde dónde?” se toman las decisiones.
La literatura especializada señala que los procesos de orientación basados en el sentido favorecen una mayor motivación intrínseca, compromiso y bienestar a largo plazo. En el caso de adolescentes de grados 10° y 11°, el trabajo con Ikigai se plantea como una siembra de sentido, más que como una definición inmediata. Diversas experiencias educativas muestran que este tipo de aproximaciones no suelen generar revelaciones instantáneas, sino que actúan como referentes internos que cobran significado en momentos posteriores de transición académica y profesional.
Asimismo, el enfoque de Ikigai dialoga de manera coherente con perspectivas psicológicas y educativas ampliamente reconocidas en la orientación profesional. Se articula con modelos de desarrollo vocacional que conciben la elección como un proceso dinámico y evolutivo, y con enfoques humanistas y existenciales que destacan la búsqueda de significado como un motor fundamental del desarrollo humano. En este sentido, el Ikigai complementa la exploración de intereses y habilidades al introducir una dimensión ética y existencial, vinculada al aporte que cada persona desea realizar a su entorno.
En el contexto de la educación media, integrar el Ikigai a la orientación profesional permite acompañar a los estudiantes en la construcción de decisiones más conscientes y menos condicionadas por la presión externa, al tiempo que promueve una visión flexible del futuro. La elección profesional deja de entenderse como un acto definitivo y se reconoce como una etapa dentro de un proceso continuo de autoconocimiento, exploración y ajuste.
En síntesis, la incorporación del Ikigai en la orientación profesional no busca reemplazar los modelos existentes, sino enriquecerlos, aportando una brújula interna que permita a los estudiantes articular su identidad, sus intereses y su contexto con un sentido personal y social. De este modo, la orientación profesional se consolida como un proceso formativo integral, orientado no solo a elegir una carrera, sino a construir un proyecto de vida con significado.
El lugar de la familia en el proceso de elección profesional
La familia cumple un rol fundamental en la construcción de decisiones vocacionales. Sus expectativas, discursos y experiencias influyen de manera significativa en la forma en que los jóvenes se aproximan a la elección profesional. Por ello, esta propuesta reconoce a la familia como un actor clave del proceso, promoviendo espacios de reflexión que permitan revisar roles, acompañar sin imponer y favorecer decisiones autónomas.
La orientación profesional, en este marco, busca generar un diálogo respetuoso entre estudiantes y familias, en el que se reconozcan las preocupaciones legítimas de los adultos, pero también la necesidad de que los jóvenes asuman un rol protagónico en la construcción de su proyecto de vida.
La orientación profesional como proceso continuo
Finalmente, la orientación profesional se concibe como un proceso continuo que no inicia ni termina en un solo curso. Esta propuesta se inscribe en una lógica de acompañamiento progresivo, que articula el colegio, la familia y la educación superior, promoviendo en los estudiantes habilidades de reflexión, exploración y toma de decisiones que les serán útiles a lo largo de toda su trayectoria académica y profesional.